Hay paisajes que parecen decorado de película y otros que parecen imposibles hasta que los tienes delante. Los acantilados de papel son de estos últimos: capas de granito apiladas una sobre otra, como si alguien hubiera ido doblando y doblando piedra durante millones de años hasta dejarla en láminas. Cuando uno ve este paisaje, la pregunta siempre es la misma, "¿esto lo ha hecho alguien?". Pues no,  lo ha hecho el mar, poco a poco, durante muchísimo tiempo. El problema es que todos nosotros vivimos con rapidez y la espera de millones de años no lo contemplamos, cuando esperar 5 minutos en cualquier sitio nos parece una eternidad.

¿Conocíais este rincón de la costa gallega? Contadme si habéis estado

Antes de llegar a las láminas de piedra, el camino pasa por algo completamente distinto: un rompeolas cubierto de tetrápodos de hormigón, esos bloques gigantes en forma de estrella de cuatro puntas que parecen sacados de otro planeta. Uno de ellos, pintado de rosa chillón en mitad de todos los grises, y la pregunta es la misma ¿Porqué hay uno de color rosa?, pues parece que solo es decorativo.

Caminamos por la costa siguiendo un sendero de tierra y piedra suelta, con el mar siempre a un lado y el viento empeñado en despeinarnos a todos. La subida tiene tramos complicados, pero merece la pena llegar hasta los acantilados, en la parte de arriba el camino se bifurca hacia la derecha que es mas emocionante y mas complicado y a la izquierda que es mas sencillo, de cualquiera de las dos maneras de subir los paisajes que se ven se quedan granados de por vida.

Y entonces llegaron los acantilados en sí: paredes de granito surcadas por líneas verticales tan regulares que parecen tablones de madera envejecida, no piedra. De cerca, el efecto es todavía más raro, como si la roca tuviera fibra, como una tela apretada por el peso de los siglos.

Más adelante, el camino se abre a una grieta estrecha entre dos paredes de roca por donde el mar entra con fuerza, espumando de un verde turquesa que contrastaba con el cielo plomizo del día. Ese fue el momento en que hasta los adultos nos quedamos callados un rato, solo mirando.

Al final del sendero, la costa se abre en una bahía tranquila, con las casas del pueblo asomando entre las colinas verdes y el mismo rompeolas de tetrápodos que habíamos dejado atrás, ahora pequeño en la distancia.

Y como colofón, una roca en equilibrio imposible sobre el borde mismo del acantilado, con el Atlántico rompiendo justo debajo. De esas piedras que parecen a punto de caer desde hace un millón de años y que, sin embargo, siguen ahí.

¿Nos recomendáis otra ruta costera para explorar en familia?

 

☀️ Info práctica para quien visite los acantilados de papel

🧭 Cómo llegar desde Bilbao:Los Acantilados de Papel están en Punta de Morás, en el ayuntamiento de Xove (Lugo), en la parroquia de Morás, dentro de A Mariña Lucense. Es un trayecto largo: hay que tomar la A-8 dirección Santander–Oviedo y seguir hasta enlazar con la A-6 y luego la N-642/LU-862 hacia Xove/San Cibrao. Son aproximadamente 4 horas y media de coche desde Bilbao (unos 380 km), así que este es un plan más de fin de semana o de ruta por la costa gallega que de excursión de un día.

Una vez en Xove, hay que dirigirse al Portiño de Morás, donde se puede aparcar; desde ahí, no se tarda más de 10 minutos andando hasta empezar a ver las formaciones.

🍽️ Dónde comer cerca

  • O Refugio (Xove) — un clásico entre camioneros de la zona por su buena relación calidad-precio, situado en la carretera que une O Vicedo con San Cibrao. Su plato estrella es el pulpo á feira. Buena opción si vais con niños y querés algo sencillo y auténtico.
  • Restaurante O Castelo (Cervo, muy cerca de San Cibrao) — especializado en marisco y cocina española, valorado por sus clientes.
  • Bar A Cancela (Xove) — opción de bar para comer, bien valorada y cercana.
  • Casa Fanego (O Vicedo) — algo más alejado pero con muy buenas críticas de cocina mediterránea y española, si os apetece desviaros un poco.

Entradas y precios: gratuito