Hay sorpresas que se preparan con globos y hay sorpresas que se preparan con un mapa. La nuestra fue de las segundas: metimos a nuestra hija en el coche en Bilbao sin decirle una palabra de a dónde íbamos. Cuando vio el primer cartel de madera con la silueta de un dinosaurio, se le cambió la cara. No dijo nada. Se quedó mirando por la ventana como si hubiera aterrizado en otro planeta.
Y en cierto modo así fue. Porque nada más entrar en el recinto, entre eucaliptos y un cielo gris típico de Asturias, apareció él: un Tyrannosaurus rex de tamaño real, boca abierta, escondido casi entre los árboles como si llevara ahí millones de años esperando a que alguien pasara.
Nuestra hija se quedó paralizada a tres metros, mitad emocionada, mitad calculando si era seguro acercarse. Ganó la emoción, como siempre gana con los niños.
"¿Alguien más ha hecho una 'sorpresa viajera' con sus hijos? Me encantaría leer las vuestras"
Lo que vino después fue un desfile: un Estegosaurio con placas como velas de barco frente a las cúpulas del museo,

un Triceratops discutiendo con otro más pequeño en pleno sendero,

y entre las flores de agapantos moradas — porque en el MUJA los dinosaurios conviven con jardines cuidados como si fuera lo más normal del mundo — íbamos parando cada dos minutos: "papá, ¿este come carne?", "mamá, ¿este es más grande que el T-Rex?".

Más allá, otro tiranosaurio de color azul intenso nos esperaba junto a un nido con huevos rotos y una cría recién salida del cascarón. Contestamos lo que sabíamos. Inventamos poco. Nos reímos mucho.

Un poco más adelante, dos Triceratops charlaban tranquilamente frente a las cúpulas del museo, y justo al lado, un Anquilosaurio con esa cara entre feroz y entrañable que solo tienen los animales acorazados custodiaba la entrada.

La parte que nos sorprendió a los adultos llegó dentro del edificio, ese que desde el aire tiene forma de huella de dinosaurio de tres dedos. Ahí ya no hay animatrónicos pintados, sino huesos de verdad, esqueletos completos suspendidos en salas con techos de madera que parecen la caja torácica de una ballena gigante.

"¿Nos recomendáis otro plan cerca de Asturias para seguir explorando en familia?"
🦖 Info práctica para quien quiera repetir la sorpresa
Cómo llegar desde Bilbao: hay que tomar la A-8 en dirección Santander–Oviedo y salir por la salida 337 (Colunga). Desde ahí, la AS-257 dirección Llastres lleva directo hasta la entrada del museo, en el P.K. 1,5. Son aproximadamente 2 horas y cuarto de trayecto, así que ideal como excursión de un día completo o combinada con una noche en la costa asturiana.
Precios y horarios: varían según temporada, y hay descuentos para niños, familias numerosas y otros colectivos, así que mejor consultarlos directamente antes de ir: www.museojurasicoasturias.com/es/tarifas
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